Cómo enamorar a niños y niñas por la agricultura urbana

📎 Este tema ha experimentado un creciente interés a nivel mundial, por su significativo potencial de fortalecer la soberanía alimentaria de los comensales urbanos y reducir la existencia de desiertos alimentarios en las ciudades.

Por Ana Prada

Recientemente la comunidad de lectores nos ha pedido en nuestras redes sociales consejos sobre cómo motivar a los más pequeños de la casa a convertirse en agricultores urbanos. Es por esto, que para nuestra columna de esta semana entrevistamos a agricultores que tienen experiencia promoviendo la agricultura urbana y periurbana con niños y niñas, ellos son: Daniell Roldán de Echar Semilla y Omar de EcoHuerta La Caleruna, estos dos jóvenes agricultores bogotanos nos compartieron recomendaciones y estrategias para involucrar a niños y niñas en el cultivo de alimentos en casa de manera divertida y pedagógica.

Crear aulas pedagógicas vivas en casa

Daniell, es un joven ingeniero forestal que ha promovido la permacultura, la bioconstrucción y la agroecología en Cundinamarca y la amazonia colombiana. Daniell ha liderado actividades de formación de niños, niñas, jóvenes y adolescentes bogotanos en el desarrollo de huertas caseras y comunitarias en sus barrios.

La puesta en marcha de huertas caseras es una actividad que puede vincular a la familia y fomentar el diálogo desconectándonos por un momento de las redes sociales y las tecnologías de la información de las que nos hemos hecho tan dependientes en estos últimos meses.

Para Daniell, es fundamental activar los sentidos del olfato, el tacto y la vista con los niños y niñas, en las que los niños y niñas perciban las propiedades organolépticas de las plantas. Por medio de actividades cortas que logren despertar el interés y la curiosidad de los niños, cuya duración debe ser de aproximadamente entre 20 y 45 minutos por jornada, pues los niños y niñas se distraen con facilidad.

El cultivo de plantas aromáticas y la creación de jardines sensoriales, son para Daniell las mejores estrategias para comenzar a involucrar a los más pequeños en la agricultura, mediante juegos en los que se identifiquen las plantas según su aroma, pues estas plantas, como su nombre lo indica, liberan olor con el tacto, no es necesario que los niños y niñas arranquen las plantas, tan solo con el tacto se desprende el aroma, así aprenden también a cuidar las plantas, indica Daniell.

Fuente: Daniell Roldán

La elaboración de bombas de semilla en las huertas es una actividad que los niños y niñas pueden liderar, resultando muy divertida. Las bombas de semillas son una técnica desarrollada para reforestación y siembra de alimentos, en cada bola suele haber una mezcla de diferentes semillas, materia orgánica y abono, están son arrojadas en el jardín o en las materas.

El registro compartido del crecimiento de las plantas en una bitácora, en la que se lleva seguimiento permanente del crecimiento de las plantas, es otra actividad con la cuál los menores pueden aprender sobre el maravilloso proceso que existe detrás de cada alimento que comemos a diario. Daniell recomienda hacer este ejercicio con cultivos como fríjol y habas que pueden tomar menos tiempo que otros cultivos como el aguacate que tardan más meses en dar cosecha.

Las actividades que los niños pueden desarrollar en la huerta varían según su edad, los más grandes pueden participar en el riego de la huerta, los niños pueden participar en la huerta desde los 3 años. Sin embargo, indistintamente de la edad, Daniell recomienda convertir la huerta en un aula pedagógica viva, un espacio destinado a la creatividad, la experimentación y la colaboración. De esta manera los niños y niñas se convierten en expedicionarios botánicos que exploran toda la vida que existe en la huerta, encontrando microorganismos, polinizadores, semillas, frutos creciendo, entre otros.

Fuente: Daniell Roldán.

En cuanto al diseño del aula pedagógica viva Daniell recomienda co-crear un espacio sencillo y agradable para los niños, de fácil acceso para los niños y niñas, evitando cientificismos, en lugar de eso alentar la curiosidad en los niños y niñas. Los niños se apasionan con facilidad con los entornos y los espacios en los que hay amor y se pueden expresar, esa debe ser una prioridad, más que la apropiación de los conceptos técnicos de la agricultura, que pueden ir adquiriendo con el tiempo.

Si queremos que la agricultura urbana sea una actividad familiar tenemos que involucrar
 a los más chicos de la casa

Por su parte, Omar nos cuenta que desde la experiencia de la EcoHuerta La Caleruna la vinculación de niños y niñas en la agricultura ha sido un proceso espontáneo. “Creamos La EcoHuerta La Caleruna como un lugar para permitir que las familias alquilaran un espacio y produjeran sus propios alimentos. En el camino nos dimos cuenta de que los niños eran el público más sensible dado que han tenido pocas oportunidades de acercarse al campo” cuenta Omar.

Inicialmente los niños y niñas se muestran temerosos e intimidados por encontrarse con una huerta, pero, una vez que logran vencer su miedo se convierten en el público más comprometido y agradecido, así sabemos que cada semilla que se siembra con ellos es un fruto para el futuro, nos dice Omar.

Sobre los aprendizajes que EcoHuerta La Caleruna ha tenido al experimentar en la agricultura con niños y niñas, afirma Omar que como adultos tenemos la obligación de propiciar espacios para que los niños se introduzcan en este maravilloso mundo. Los adultos deben asumir un rol creativo y de apertura, “ensuciarse y mojarse es parte del relacionamiento y los ayuda mucho a generar habilidades” comenta Omar.

Fuente: Facebook de EcoHuerta La Caleruna.

La coherencia y el ejemplo son fundamentales a la hora de motivar a los más pequeños, como padres o adultos responsables nos corresponde involucrarnos en la huerta. La práctica es la mejor manera, más que  buscar videos o lecturas, Omar recomienda llevar a los niños al campo y experimentar en la huerta, no tiene que ser un espacio enorme y complicado, se puede comenzar por cuidar una sola hortaliza, cuidarla, cosecharla y comerla en familia permitirá que el aprendizaje sea integral.

Lo que se aprende con amor nunca se olvida

Un elemento común en la conversación con Omar y Daniell ha sido la cocreación de un espacio para la experimentación y el compartir en familia, cuando incluimos a los niños y niñas en las huertas dejamos de enfocarnos en la productividad del cultivo, para construir un espacio de aprendizaje por medio del ensayo y error.

Experiencias como La Finca del Medio, Cuba y Gualca en Nicaragua, en las que niños y niñas participan activamente en las actividades de la finca y se convierten desde pequeños en creadores de vida y que se convierten en guardianes de esperanza, nos recuerdan que lo que se aprende con amor difícilmente se olvida.

La agricultura urbana en familia es tan valiosa para los niños y niñas, como para nosotros los adultos que cada vez le tenemos más terror al descontrol y al fracaso, así aprendemos a desaprender, porque la agricultura como en la vida no existen los errores, sino oportunidades.

Fuente: 3 Colibris

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